Tengo algunos amigos y compañeros del audiovisual, estos colegas "de toda la vida" ("Toda la vida" audiovisual empezó para mi en el año 2000 más o menos) que dicen, y quizás no les falte algo de razón, que esto de seguir haciendo cortometrajes es para la gente joven que está empezando.
Que nosotros, los que ya tenemos canas en las pelotas, ya tenemos que estar a otra cosa. Rodando largometrajes industriales o metidos en series de plataforma de esas que vienen a nuestras islas a llevarse nuestros incentivos fiscales.
Lo dicen porque ahora, gracias a los mencionados incentivos, vivimos en un momento muy dulce. Trabajando como nunca habíamos soñado y cobrando lo que jamás nos hubiéramos esperado cobrar hace apenas diez años.
Así que ¿Para qué seguir haciendo cortitos con los colegas, gratis, sin dinero?
¿Para qué, verdad?
Bueno.
Creo que la pregunta no es la correcta. No se trata de "¿Para qué?".
Se trata de "¿Por qué?". Y más concretamente "¿Por qué no?" .
Porque, al menos yo, estoy cansado de rodar cosas sin alma. Productos que nadie va a ver porque da igual mostrarlo o no porque el objetivo era hacer dinero con los incentivos, y una vez logrado ¿Qué mas dará?
También me agota toda esa parafernalia "profesional" de palabrejas en inglés, de scautings y otras leches, y sus jerarquías y sus intrigas palaciegas.
Y sobre todo odio compartir mi tiempo con gente que me recuerda lo peor del ser humano.
Así que sí, ya no tengo edad, pero no para no hacer cortos, sino para aguantar gilipolleces.
Así que hace un par de domingos me llame a mis amigos, unos más antiguos y otros más nuevos, y nos rodamos un cortometraje en un par de horitas
Cathy y Borja fueron los actores, lo que en la práctica es como jugar a las películas con tus hermanos.
Nos reímos, nos gastamos bromas unos a otros, comimos unos sandwiches que yo había preparado el día anterior.
Nadie discutió con nadie. Nadie quiso hacerse el guay en plan yo soy más profesional que tú. Nadie tuvo envidia de nadie ni nadie dijo una palabra más alta que otra.
Nadie sintió la necesidad de sacarse el pene para ver quien lo tenía más grande...
Terminamos, volcamos al ordenador, vimos el partido del mundial, y nos despedimos hasta la próxima.
Ahora, sin prisa, tranquilito en mi casa, estoy editando el corto y disfrutando del proceso.
¿Vale esto más que esos proyectos donde todos se odian, donde todos recelan del que tiene al lado, donde los que están al cargo suelen ser unos mediocres, asustados de que alguien brille por encima de ellos?
No cobras 1300 a la semana, eso es verdad, pero...
...Yo al menos lo tengo claro.